Nombre II
No se había percatado del nombre, le pareció común y normal. No lo había notado hasta las primeras letras y la pantalla del celular borró las palabras para empezar a contabilizar los minutos de conversación.
Del porqué había llamado, no lo sabía. No recordaba su voz en meses y lo había confundido. Su nombre era común. Tan simple que no le conmovió, hubo un tiempo en el que podía diferenciarlo pero ahora sólo era otra persona igual, ya no había distinción y se perdió. Pensó que cuando la persona se vuelve común a su nombre desaparece su individualidad. Existen muchas Anas, demasiados Luises y Juanes, Rosas o Marías. María podría ser tal vez el nombre más común del planeta, suele suceder con los nombres bíblicos. Así ocurrió con él.
- Hola, José. - Saludó a una palabra vaga que no había pronunciado en tiempo y trató de dibujar en la mente su rostro leído al tacto. Desde el cabello, bajando por las patillas, acariciando detrás de la oreja, las yemas de sus dedos perfilando el mentón arisco por una barba caprichosa. Definitivamente, no le gusta hablar por teléfono. No hay ojos ni respuesta, no hay miradas esquivas de aburrimiento u ojos saltones de impresión. Él no pudo ver su cara de complacencia al descubrir su teoría del nombre y ella menos saber como él fruncía el ceño al percatarse que no hubo asombro por su llamada.