° When the music's over °
Tarán. Parán, parán. ¡Van! ¡Van! PRUM, prum! . . . 1, 2, 3. La carpeta. Los dedos. Una batería mental. No se puede mover y es increíble pensar que por dentro baila como si Ian Curtis estuviese en pleno escenario. She’s lost control again. Pasó de largo, o dejó que pasará así mientras los últimos salían del salón. La canción había acabado. Pero el retorno a casa la disiparía, la desvanecería de manera tal que se volvería etérea, eso quería creer, porque volvía a recordar la llamada del otro día, tal como lo hizo de ida a clases y tal como fue y ha sido desde aquella tarde. Sólo faltaban unos días. 3, 2, 1. Challenger. Ice Age.
El retorno a casa es relativo en cuanto a la profundidad del paisaje, (que usualmente viene a ser el mismo) pero con profundidad me refiero a las dimensiones en el cual éste varía. Inés lo había comprendido bien desde que un día en febrero un globo con agua salpicó a su cara, mojando sus lentes y trayéndola a la realidad. Había, también, asimilado que el tiempo varía de acuerdo a lo entusiasta que se encuentre para oír tal o cual disco que al azar, o a ciegas, meta al bolso. Definitivamente, volver a casa implica muchas formas de distraerse sin pasarse, claro está, de largo el paradero.
De nuevo visualizaba su misma imagen, sin que José la viera, o siquiera pensando por donde andaba. Entonces pensó que actuaba imaginariamente para él, como si la pudiera observar desde alguna parte del cielo, que la ve bajar del bus, la mochila atrás. Caminando lento, con los carros viniendo próximamente. Las luces se hacen más fuertes y un perfil negro corre al otro lado de la pista. El auto pasó al ras. José de seguro estaría durmiendo mientras ella buscaba las llaves. Había llegado a casa.