Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2006.
12/01/2006
Inicio
Despertó la sensación de algo conocido, a pesar del cuarto y su cuerpo entre las sábanas, tan familiar como las continuas noches de insomnio en su propia habitación. No eran sus paredes, pero todo era viejo. Todo olía a viejos recuerdos o tal vez a un pasado bloqueado por ese subconsciente sobre protector en ella. A su lado, dormido con el ceño fruncido, el hombre que le trajo todas esas memorias olvidadas.
15/01/2006
Flashback
La primera vez que recuerda haberse caído fue en el colegio. Llevaba pantimedias azules debajo de esa falda larga de castidad; la fuerza del golpe, marcado por el raspón, hizo que el nylon se adhiera dolorosamente a la herida.
Al llegar a casa, su madre pacientemente le removió la media, la sangre estaba por completo seca y el dolor intenso asustó a la niña. El aseptil rojo y los algodones. Su rodilla estaba hinchada. Esparadrapos. Lloró mucho con el esparadrapo bañado en alcohol. Jodidos esparadrapos.
El patio escolar era enorme, de una distribución generosa bien aprovechado por los infantes. Los niños parecían vándalos corriendo de un lugar a otro mientras las niñas, de manera grácil, saltaban la soga, las pelotitas al aire o que reventaban en el suelo, un dos tres, mundo. Todo poéticamente armado, en cámara lenta y primeros planos. Las niñas era lo que más se debía cuidar. Chiquillos atolondrados, ¿qué se podría esperar?
Las canchas de básquet se veían improvisadas para el fútbol diario. Sin miedo a caerse, o si lo hacían, sin miedo al dolor, muchachos alborotados que se empujan, meten gol. ¡Gol! Ella sólo se había raspado la rodilla y ellos se lanzan contra el suelo, así de simple.
Sólo dolía al estirar la pierna. Mamá dice que deje de jugar así. El árbol del parque era más divertido aún. ¿Te acuerdas de eso? Era un tronco curvo al inicio, iban creciendo a la par, pero igual terminó torcido, era por estar siempre encima de él. Era un árbol, no un barco. Pero los piratas siempre buscaban atacarlo. Era césped, no enormes olas. Aunque nunca se cayó de él, eventualmente dejó de treparlo. Esa rodilla iba a quedar marcada.
19/01/2006
Nombre
Saber hacerse una media cola fija requiere de paciencia, un buen peine y un par de manos extras. Primero se humedece un poco el cabello, tratando de suavizar el paso del pequeño rastrillo para que el dolor de algunas fibras enredadas se disipe. Se separa la porción que se desea atar con la liga, el carmín o la pita que se use, se peina una y otra vez. Se da forma, separada por la raya que el buen peine y la mano diestra que la otra persona sabe usar. No hay mezcla entre ambos lados, del que está firmemente sujeto y del que se dejará enredar de nuevo con el viento. Fijo y templado, la media cola está ya hecha.
Está hecha para volverse a desarmar, porque ella no deja de pasar su mano por ahí constantemente. Repasa sus dedos empezando por la frente y terminando en la nuca, rascando el cuello estirado, tratando de entrar a la columna y dividir cada disco, engrasarlos y volveros a colocar como nuevos. El codo apoyado en la carpeta, la mano entra de nuevo como una araña y si las uñas fuesen más largas y filudas, las clavaría a rascar el mismísimo cerebro, que merece una buena sacudida porque la pizarra no le llama más la atención, tejería una pequeña red para que descansen las neuronas y la araña tranquila saldría. De pronto tuvo que regresar a la realidad.
- ¿Inés?
26/01/2006
Nombre II
No se había percatado del nombre, le pareció común y normal. No lo había notado hasta las primeras letras y la pantalla del celular borró las palabras para empezar a contabilizar los minutos de conversación.
Del porqué había llamado, no lo sabía. No recordaba su voz en meses y lo había confundido. Su nombre era común. Tan simple que no le conmovió, hubo un tiempo en el que podía diferenciarlo pero ahora sólo era otra persona igual, ya no había distinción y se perdió. Pensó que cuando la persona se vuelve común a su nombre desaparece su individualidad. Existen muchas Anas, demasiados Luises y Juanes, Rosas o Marías. María podría ser tal vez el nombre más común del planeta, suele suceder con los nombres bíblicos. Así ocurrió con él.
- Hola, José. - Saludó a una palabra vaga que no había pronunciado en tiempo y trató de dibujar en la mente su rostro leído al tacto. Desde el cabello, bajando por las patillas, acariciando detrás de la oreja, las yemas de sus dedos perfilando el mentón arisco por una barba caprichosa. Definitivamente, no le gusta hablar por teléfono. No hay ojos ni respuesta, no hay miradas esquivas de aburrimiento u ojos saltones de impresión. Él no pudo ver su cara de complacencia al descubrir su teoría del nombre y ella menos saber como él fruncía el ceño al percatarse que no hubo asombro por su llamada.